El título a veces dice todo y a veces nada.
Pero esta vez, si dice todo, y no siente nada.
A veces.
Ok, inicio de nuevo.
Escribo a veces a la nada, en el ciberespacio. Pero se me olvida que el ciberespacio somos todos. En este siglo nadie se salva de la tecnología. A veces es tan difícil escribir y tan desenfrenado pensar.
Esta bien, hoy le escribo a mi reflejo. Dentro de la perdición, ustedes no se ven.
Las palabras mágicas que dividen la moral humana, el bien y el mal. Cada quien adquiere un sentido de pertenencia y clasifica las acciones que le conciernen a cada uno de esos dos sustantivos. Darle limosna a un vago es bueno para la señora Clara, mientras que para Juan le parece atroz pues quizá algo más pudo haber hecho de su vida. Para Fernanda es una falta de educación y maldad que Luis no le haya dejado propina a la mesera, mientras que Luis no le dejo puesto fue un servicio pésimo y no merecía aquel quid pro cuo. Así se va la cadena confusa de la moral.
Tu madre te habla para que laves los platos, refunfuñando contestas “ahorita voy”. Vas hasta que quieres. Vas a la casa de tu amigo, escuchas que su madre le pide lavar los platos y el contesta “ahorita no”, vaya, piensas que es un malcriado.
¿Ya viste?
Así se va esta vida. El tiempo. El tiempo.
Es aquí en donde me perdí.
Es un inicio, pretendi presentarme ante el amor como su fiel seguidora. Aún, con firmeza, le sigo siendo leal. Es omnipotente. ¿Que por qué es real? Porque aunque la muerte embobe con curiosidad, por amor no te matas. No creas que el Amor nada más es tu pareja. El nivel espiritual que alcanzas con el amor ni siquiera llega a ser por la vida. Porque después de entender que es el Amor, sabes que la vida no es la existencia, ni siquiera hay una certeza de que la vida sea lo que le damos definición a un lapso de tiempo. El amor es aquel que con certeza te aniquila con la respuesta concreta de que no existe ninguna certeza de nada. Pero bueno, como menciona el título, me estoy perdiendo, dentro de esta parte.
Razones:
Cuando mi guía sobre el resto fungio como mi sentido espiritual, decidí hacer lo que era el bien. Quise no sólo considerar lo que era “bien” para mi, si no para mi prójimo. Claramente no establezco una identidad pura y perfecta de mi, porque no. Soy inmortal, pero no un ser omnipotente. Bien. En mi lapso de querer ver con amor todos los actos de ejercía, me di cuenta de que no puedes imponer amor. Ese es su verdadero precio. Puedes serle fiel, puedes crear su palabra, PUEDES DARLO Y SER, pero, cuando llegas con alguien, no le puedes imponer amor. Es un espíritu. Uno que muchos rechazan tergiversándolo como un antagonista de felicidad. Patética la hora en la que el humano se convirtió en un tonto que idealizó con certeza que el amor es utópico y lo volvió mortal. LO VOLVIÓ MORTAL.
Aquí es donde yo caí en un pozo. Das sin querer a cambio. Nunca he impuesto amor. ¿Cuál fue mi verdadero enemigo? El antifaz de la soberbia, del no amar a la soledad, y egoísmo del prójimo al aceptar amor cuando solo querían llenar el ego humano. Me cegué ante la idea de que esto pudiese sucederme repetidamente, pero me duele en el alma que haya sucedido de verdad. Y no solo eso. Me metí de lleno al entender un por qué, una justificación. Al adentrarme a ese contexto, me volví con rabia, con ira, con desesperanza. Y dentro de la búsqueda solo me decepcione de convertirme casi en una mas. ¿Lo bueno? Entendí que somos una cadena. Somos tan predecibles como humanos, que convertimos en filosofía inconsciente en accionar el mítico “tratar como fuimos tratados” en un antes de. Dar nuestras mejores versiones a las peores versiones de otro ser dado a que ese ser dio la mejor versión a una peor, y así se va. Se tiene que tener un intelecto y deducción pobres para pensar que esto necesariamente aplica en la vida afectiva. No. Está en el prójimo a la vuelta de la esquina. ¿Lo malo? Si encontré una justificación.. Solo encontré una. Es patética, pero es que el gran pecado del hombre es el orgullo en sí mismo.
Lector, no estableceré un juicio por igual. Mis pensamientos son vagos, tirándole quizá a absurdos. Pero aún creo en el amor a la mera existencia. No lo impongan. Siéntanlo. Y solo deseo perderme en la satisfacción de que dejara de existir el bien y el mal. Solo, existiremos.
Pero esta vez, si dice todo, y no siente nada.
A veces.
Ok, inicio de nuevo.
Escribo a veces a la nada, en el ciberespacio. Pero se me olvida que el ciberespacio somos todos. En este siglo nadie se salva de la tecnología. A veces es tan difícil escribir y tan desenfrenado pensar.
Esta bien, hoy le escribo a mi reflejo. Dentro de la perdición, ustedes no se ven.
Las palabras mágicas que dividen la moral humana, el bien y el mal. Cada quien adquiere un sentido de pertenencia y clasifica las acciones que le conciernen a cada uno de esos dos sustantivos. Darle limosna a un vago es bueno para la señora Clara, mientras que para Juan le parece atroz pues quizá algo más pudo haber hecho de su vida. Para Fernanda es una falta de educación y maldad que Luis no le haya dejado propina a la mesera, mientras que Luis no le dejo puesto fue un servicio pésimo y no merecía aquel quid pro cuo. Así se va la cadena confusa de la moral.
Tu madre te habla para que laves los platos, refunfuñando contestas “ahorita voy”. Vas hasta que quieres. Vas a la casa de tu amigo, escuchas que su madre le pide lavar los platos y el contesta “ahorita no”, vaya, piensas que es un malcriado.
¿Ya viste?
Así se va esta vida. El tiempo. El tiempo.
Es aquí en donde me perdí.
Es un inicio, pretendi presentarme ante el amor como su fiel seguidora. Aún, con firmeza, le sigo siendo leal. Es omnipotente. ¿Que por qué es real? Porque aunque la muerte embobe con curiosidad, por amor no te matas. No creas que el Amor nada más es tu pareja. El nivel espiritual que alcanzas con el amor ni siquiera llega a ser por la vida. Porque después de entender que es el Amor, sabes que la vida no es la existencia, ni siquiera hay una certeza de que la vida sea lo que le damos definición a un lapso de tiempo. El amor es aquel que con certeza te aniquila con la respuesta concreta de que no existe ninguna certeza de nada. Pero bueno, como menciona el título, me estoy perdiendo, dentro de esta parte.
Razones:
Cuando mi guía sobre el resto fungio como mi sentido espiritual, decidí hacer lo que era el bien. Quise no sólo considerar lo que era “bien” para mi, si no para mi prójimo. Claramente no establezco una identidad pura y perfecta de mi, porque no. Soy inmortal, pero no un ser omnipotente. Bien. En mi lapso de querer ver con amor todos los actos de ejercía, me di cuenta de que no puedes imponer amor. Ese es su verdadero precio. Puedes serle fiel, puedes crear su palabra, PUEDES DARLO Y SER, pero, cuando llegas con alguien, no le puedes imponer amor. Es un espíritu. Uno que muchos rechazan tergiversándolo como un antagonista de felicidad. Patética la hora en la que el humano se convirtió en un tonto que idealizó con certeza que el amor es utópico y lo volvió mortal. LO VOLVIÓ MORTAL.
Aquí es donde yo caí en un pozo. Das sin querer a cambio. Nunca he impuesto amor. ¿Cuál fue mi verdadero enemigo? El antifaz de la soberbia, del no amar a la soledad, y egoísmo del prójimo al aceptar amor cuando solo querían llenar el ego humano. Me cegué ante la idea de que esto pudiese sucederme repetidamente, pero me duele en el alma que haya sucedido de verdad. Y no solo eso. Me metí de lleno al entender un por qué, una justificación. Al adentrarme a ese contexto, me volví con rabia, con ira, con desesperanza. Y dentro de la búsqueda solo me decepcione de convertirme casi en una mas. ¿Lo bueno? Entendí que somos una cadena. Somos tan predecibles como humanos, que convertimos en filosofía inconsciente en accionar el mítico “tratar como fuimos tratados” en un antes de. Dar nuestras mejores versiones a las peores versiones de otro ser dado a que ese ser dio la mejor versión a una peor, y así se va. Se tiene que tener un intelecto y deducción pobres para pensar que esto necesariamente aplica en la vida afectiva. No. Está en el prójimo a la vuelta de la esquina. ¿Lo malo? Si encontré una justificación.. Solo encontré una. Es patética, pero es que el gran pecado del hombre es el orgullo en sí mismo.
Lector, no estableceré un juicio por igual. Mis pensamientos son vagos, tirándole quizá a absurdos. Pero aún creo en el amor a la mera existencia. No lo impongan. Siéntanlo. Y solo deseo perderme en la satisfacción de que dejara de existir el bien y el mal. Solo, existiremos.
Hola! Me he encontrado este título aleatorio en Twitter. No sabía que podría encontrar algo magnífico. Me gusta escribir pero tu trabajo es precioso. Engañas a todos tus lectores. Me parece increíble que aún no hayas encontrado la libertad, por lo pronto, espero hayas salido de ese laberinto.
ResponderEliminarAún no salgo, creo que me metí a la boca del lobo. Pero espero que me vomite. Porque me metí a ella corriendo de libertad;)
EliminarIncreíble. Entré aquí esperando política y me voy con una gran satisfacción, sé que alguien comprende mi sentir. Y si de algo sirve, el que tú me comprendas significa que yo te comprendo. Sigue escribiendo que esto puede llegar a la persona correcta y ayudarlo a salir de un abismo existencial, ¿o será un laberinto de la non-perdición?
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