A veces me pregunto si alguien de mi familia lee mi blog. Es público. Al menos agradezco que si lo leen, nunca me han juzgado por ser quien soy.
¿Quién soy?
Me llamo Victoria. Estoy comiendo a las 22:53. Tengo puesto a Damien Rice. “It takes a lot to know a man”, para ser precisos. Damien Rice es un hombre que canta con la boca, cuerdas vocales, cuerpo, alma, mente. Si lo escuchan en YouTube, sabrán que no hay una canción que no tenga melancolía. De hecho tomo sus canciones como agradecimientos más que como algo que te lleva a ser feliz. Cuando estas enfermo solo recuerdas el día que te sientes bien, pero no te acuerdas cada cuantas horas tomaste la amoxicilina. Damien Rice es el termómetro, el alcohol de los pies, las cobijas, y la amoxicilina. Damien Rice es el paño frío para la fiebre. ¿Te duelen los paños fríos cuando tienes escalofríos verdad? Sin embargo es el remedio por excelencia de mamá para pasar de los 39º a los 36.5º. Todo el día, Damien Rice fue ese paño. Hoy estuve sentaba terminando todo lo forzado del semestre que por x o y razón no podía terminar. Se me olvidó desayunar. Fue un dia negro. No gris. Negro.
¿Podría ser el burnout? Probablemente. Pero no, hay más. Siento una tristeza profunda. Escribo no para que se compadezcan, sino porque es la única forma en la que puedo hablarlo y quitar esta simbiosis de cuerpo y tristeza. O más bien, cansancio y tristeza.
Ya está haciendo frío. He sentido toda la tarde cada parte de mi cuerpo endurecerse. Más los nudillos. Quise escribir a mano pero el dolor me lo impidió. Hoy si siento algo. Siento tristeza. ¿Han tenido alguna vez duelos atrasados? Pueden ser de cualquier tipo; cuando perdiste 10 en la calle y apenas te acuerdas, cuando te despides sin querer despedirte. Hoy recayeron en mi duelos de hace mucho tiempo. Y podría decir cuando comenzó todo.
Todo comenzó después de un sueño la semana pasada. De esos que no quieres despertar porque eres correspondido. O porque ganaste la lotería. O porque estás durmiendo en el sueño y estás consciente que estás durmiendo entonces sabes que la alarma no sonará pronto. Soñé algo parecido. Y me levanté llorando. ¿Por que tengo que cargar con la falta de voluntad que tengo? ¿Por que no podemos controlar lo que no está en nuestras manos pero aquello nos tiene en las suyas?
Una amiga se ofreció a leerme las cartas. Necesitaba el dinero. La apoyé a pesar de que en lo profundo de mi no creo. Pero más en el fondo, después de aquel suceso, creería en cualquier señal que Dios, el universo, el prójimo me mandara. Lo que me dijo fue muy explícito, dude de mi esceptismo. Puedo decir que todo era algo vagamente detallado pero algo que me hizo creer totalmente fue en “no puedes deshacerte de aquello que preguntaste porque no pasara un milagro ni es parte del destino. Todo depende de tu voluntad.” Vaya. Que curioso que Victoria Quiere Libertad rima tan bien con Victoria no tiene voluntad. Hice mi test de eneagrama, según aquello soy 3w2. “El triunfador”. Me reí un rato. No hace mucho decía de broma cuando trabajaba “¿quién se llama Victoria cuando tiene derrotas?”. Victoria, la triunfadora suena muy bien a veces para ser verdad siempre. Pero después procedí a leer que hace aquel 3w2. Me identifiqué un poco, porque al igual que las cartas y los signos zodiacales, otra vez yo y mi escepticismo.
Me da mucho coraje llamarme Victoria y no hacerle justicia muchas veces. Me da coraje que lleguen y me castiguen saqueando mi corazón. Muchas veces, por no decir todas, hablo en tercera persona y quizá es porque me cuesta reconocer o me avergüenza sentir. Vivir es sentir. Y vivo con rechazos, con amor, con tristeza, con alegrias todos los días. Si ya me quitaron o me dejaron con lo que tenía, ¿de verdad tendría que abstenerme de ser yo?
He tenido tanto, tanto que compartir. Tanto tiempo. Tanto amor. Tanta comprensión. Y a pesar de que nadie podría vivir sin amor, pocas veces se es visto en ojos de quien lo posee.
Hay una paradoja de Adam Smith en “La riqueza de las naciones”, en donde cita que “Nada es más útil que el agua; pero esta no comprará gran cosa; nada de valor puede ser intercambiado por ella. Un diamante, por el contrario, tiene escaso valor de uso; pero una gran cantidad de otros bienes pueden ser frecuentemente intercambiados por éste.” Soy el agua, muchos somos el agua (Casi tan literalmente porque tengo un ligero problema por consumir más de lo que debo).
Soy el agua refiriéndome a que, nada es más útil que ser nosotros con nadie más. Nada es más útil que ser ese hombro para llorar, esa lámpara alumbrando el cofre en la noche para ponerle agua, ser ese meme en un momento necesario. Ser. Pero por otro lado, están los diamantes, lo que celamos, lo que buscamos por años, lo que pocos poseen. El diamante es brillante. Es duro. Es un mineral muy resistente. El que los posee es digno de ser temido, admirado. Pero es eso. Un mineral. ¿Lo puedes consumir? Se ve estupendo en las manos. ¿Aguantará lavar la taza del baño con pinol? No lo sé pero claro que no lo intentarías porque se sabe que el baño se lava con guantes. El diamante es bello. Representa lo que muchos queremos. Pero ¿podrías dejar morir a tus perros por no darles agua? ¿Podrías no tomarla y vivir bien? ¿Podrías vivir sin amor?
Me estoy quitando el caparazón que evado en canciones, en labores, en limpieza, en salidas a la universidad. Soy un alma herida, que se reconoce a sí misma como tal. Que no siente pena ni gloria. Que es humana. Que como tú, se pone la pijama y puede ver un par de tiktoks antes de dormir pero que amanece antes de que suene alarma moviendo los pies por nervios. Soy a la que un día le regalaron tulipanes y le dió vergüenza llegar a casa con ellos por no querer dar explicaciones, también soy la que deseó recibir tulipanes de aquel amor no correspondido.
Soy el agua que no tiene la voluntad de despertar y no llorar por soñar algo de lo que no quería despertar. Me reconozco que, a pesar de todo, le tengo miedo al fracaso. Y claro que he fracasado. Y claro que a pesar de ello me regreso a repetir.
Todos quieren un diamante. Me encantan los diamantes. Pero si tuviera uno, lo cambiaría por poseer toda el agua del mundo. Podré lucir sin poder, sin valor, sin admiración y sin glamour, pero tendría éxito en saber que sería inmortal por poseer lo que hace funcionar mis órganos bien.
Todos quieren éxito representado de la manera que cada uno desea, el amor que idealizas, el tiempo en terminar lo que otros hacen tarde, la inteligencia y la rapidez conjuntas, la perfección indeleble, todo lo que es aceptado, pero no lo que necesitas, todos necesitamos amor. Me he arriesgado siempre que puedo, porque lo vale. Porque sentir felicidad lo vale. Porque sentir enojo lo vale también. Porque sé que sentir esta tristeza que me deja sin comer vale el cuánto valoraré más aún mi felicidad.
Y es que no digo que querer el éxito este mal; yo lo anhelo y en lo personal quizá más que a nadie. Y por eso escribo esto. El éxito es muy subjetivo pero reducido a cenizas no es más que lograr lo que nos imponemos. Pero, ¿acaso no nuestro peor castigo es aquel que nosotros mismos nos imponemos?
“Tiredness fuels empty thoughts” (El cansancio alimenta pensamientos vacíos)
Asi inicia "Eskimo" de Damien Rice. El cansancio por mucho tiempo me consumió. Y es que este cansancio es el de la definición número 2 de Google. Aquel que ha hecho cosas tanta veces y se ha acostumbrado. Imaginate estar haciendo lo mismo una y otra y otra vez y preguntarse ¿por qué hago lo que hago? ¿Por que estoy escuhando al que me ofende? ¿Por que permito que me dejen con el amor en la mano? ¿Por que me dejan plantados con las galletas cuando me dijeron querian dos?. Y por otro lado, ¿por que leo esto? ¿por que investigo aquello? en relación a cuantas veces pierdo de vista mis objetivos antes la presencia de este cansancio con el que ya no puedo cargar.
Soy una persona radical. He navegado con la bandera de deshacerme completamente de algo o vivir con ello, mas no de aprender a convivir. Quizá el cansancio me consumió por intentar con todo mi ser a deshacerme de lo que me tiene en sus manos cuando debo aprender a convivir con ello. A nadie le gusta quedarse con el regalo de cumpleaños que compró al cumpleañero, quizá porque es algo que al le gustaria pero a ti no. Pero ¿si me es útil?. No voy a tirar lo que me nace dar. No voy a tirar el rechazo recibido. El fracaso. Voy a aprender a convivir con ello de lo que no puedo deshacerme. Es parte de mi. Es una gigantesca cicatriz recordandome el por qué me la hice. Y que cada que intente quitarmela solo sangrará más. Y me volverá a doler. Tengo que cuidarla. Que cuidarme. Que aceptarla. Aceptar el rechazo, el fracaso y el miedo como parte de mi, y que si la cuido, el dolor es inexistente. Que si permito reconocermela, no cometeré el mismo accidente que la causó.
Me niego a negarme. Me niego a aceptar que no pierdo. Me llamo Victoria y tengo muchas derrotas diarias. Pero tengo muchas victorias también, que le sientan mejor a las perdidas y me suman más. Me siento una triunfadora por reconocer que hoy perdí. Que me rechazaron. Que no logré un objetivo. Qué no recibi las flores que espere ni recibi una llamada por la cuál madrugué. Hoy gano un poco sabiendo que este duelo me va a saber a gloria cuando se depure. Me niego a ponerme una máscara.
Me niego a ser un diamante.
Prefiero ser el agua que necesito. Porque es todo lo que necesito.
Prefiero el rechazo, porque a veces, perder es mejor que ganar. Porque cuando pierdes aún queda la posibilidad.
Prefiero el amor, siempre.
Eso es Victoria.
Agradecimientos a Nayhre por leer una carta de 6 páginas con letra de doctor con tal de ayudarme a la distancia. Agradecimiento a todo aquel que fue agua y me hizo sentir diamante también.
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