Un día de 2016 caminaba calle abajo. Iba de regreso de mi ortodoncista, usaba brackets. Recuerdo perfectamente que tenía una playera manga larga negra y unos pantalones cargo verde olivo oscuro. Iba con los audífonos, haciéndoles truco porque eran de cable y no sé si ubiquen cuando empieza a fallar el cable y tienes que moverlo en círculo. Iba calle abajo y empezó a sonar “Locos” de León Larregui, acababa de salir. Me la iba memorizando. Era una tarde muy linda, había nubes rojas, aire fresco y poco frío, lo suficientemente cómodo como para caminar sin sentir malestar. “Llevo años tratando de decirte, que te amo oh oh oh” cantaba mientras seguía caminando abajo. En eso, del otro lado de la calle, vi a una pareja que tenían creo un par de años juntos. Estaban en la banqueta jugando las famosas fuercitas. Los vi y con la canción en automático pensé sería su canción. Me sentí bendecida al ser testigo del amor de la manera más sencilla y real: una tarde tranquila en una calle tranquila con una pareja que se sonríe una a la otra. Dejé de observarlos justo cuando terminó la canción. Seguí caminando y en mi lista mental, a mis 15, anoté que mi primer novio iba a jugar así conmigo en una calle abajo algún día (obviamente esperaba ganarle).
Pasaron los años, supe que esa pareja terminó a pesar de haber durado. Supe que los años no son garantía de permanencia. Y me sentí triste. Recuerdo que en mis pláticas a Dios le decía que yo era expectadora y eso es lo único que por el momento quería. Siempre que veía parejas, me imaginaba a mi misma enfrente de ellos con una libreta en mano anotando todo lo que quería, como hacer una platica, como no permitir un maltrato, un detalle que quería hacer. Llegó el punto en que esa libreta se llenó y me tocó hacer la práctica. Me hubiera gustado retroceder a la secundaria para decirle a mis profesores que los 50 sellos demás que tenía el wey que salía de la nada no garantizaban que supiera un carajo de la materia, porque así le pasó a mi libreta imaginativa emocional. En la práctica tartamudeé, me incomodé, al inicio. Después creo que cuando pierdes noción de todo, aceptas todo con las manos abiertas por ser inocente. Y sobre todo me repetía mi regla de “sentir absolutamente todo, porque vivir es sentir”. Me daba grima la gente que se autodenominaba “fría y sin sentimientos”. Honestamente me daban pena, porque en la mente muchos de ellos se veían fantásticos siendo así, yo solo los veía como lo que eran, cobardes. Y no generalizo, a la mayoría le enorgullecía decir que eran fríos. Pero después conocí al otro sector que se lamentaba por ser así. Contaban que era inevitable, que por más que intentaban calentar su alma con amor, y su corazón, no podia sentirse nada del exterior. Ellos me dieron una misión a mis 15: hacer la excepción que confirme la regla.
En efecto sentí de todo, y sobreviví al pasar de todo y seguir sintiendo. Anoté mis éxitos en la libreta mental. Después pum, mis apuntes, mi moral, mi reserva emocional no soportaron ni le fueron suficientes al reto de aquel 2019. Entro a mi quemándolo todo. Exactamente, para ser específicos:
La distancia, mi familia, la voluntad ayudaron a ser el extintor.
La verdad ando bien inconforme escribiendo esto porque es algo que resuena todos los días, pero ¿y que? No me pagan, y no tengo nada que perder.
Yo sé que los cuentos de hadas no existen, pero oigan, yo al chile si decía que hablaba con ellas a mis 6 años. Esa libretita mental no existió en vano. Esa libretita en la actualidad se le llama determinación y ser objetivos. Yo solo le añadí expectativa y amor. Estoy bien cansada de la gente que dice que “no debes tener expectativas de nada ni de nadie”. Perdón pero no mamen, digo, eso te convertiría en un conforme de la incertidumbre, en un godin de la vida y de por vida. Como vas a saber que “el universo”te da algo que según tu mereces si no sabes lo que quieres?. Y con eso me refiero a que no tener algo que desear no te da motivos a esperar algo que llene tu alma de amor y luz. Y también a descubrir, a ser empírica. Y ojo con la palabra esperar. Nada llega solo, pero tampoco hay que chingarle. Las decisiones que tomas, hacen un efecto dominó, ser amable genera que a alguien le agrades, y luego hagan un vínculo y no se, probablemente terminen juntos cenando pan pita en Croacia, y tú sólo fuiste amable porque esperabas que alguien fuera amable de vuelta. En mi opinión así funciona esto. No es karma, no creo en el, porqué de existir, a esa persona que quemo mi libreta mental estaría como el meme de arriba o peor, y no, sentimentalmente le va mucho mejor que a mi, y no dudo que se case con su novia, que por cierto hasta tienen la misma inicial. Esperar es una palabra muy sonada. Pero hoy en mi radiografía entendí como usar esa palabra:
Todos vamos a morir, ¿no? Bueno. No es algo en lo que pienses todos los días, pues sabes que eso ya LLEGARÁ. Y si sabes que tarde o temprano viene, ¿PARA QUE LA ESPERAS?
Traigo una muela mal. Me la van a operar, porque ESPERÉ (y vaya que para mal) a qué me doliera, pero en el fondo yo ya sabía que EL DOLOR EN EL CACHETE IBA A LLEGAR.
Esta entrada va a los lectores impacientes que probablemente ya confundieron el no sentir nada con él no esperar nada.
Y no es que no esperen, solo corrijan; deseen, anhelen con toda su alma un amor limpio, un amor bello, un amor que despierten y decidan seguir eligiendo a esa persona en el camino de sus vida. Un auténtico compañero de vida. Que si existen. Y si, no me ha tocado, no me han acompañado con amor, o en su defecto, no era con quien yo decidí. Existe. Si existe. Y seguiré siendo la excepción que hace la regla, a pesar de mis fracasos, alguien comerá uvas verdes conmigo en Dubrovnik. Y también recuerden que esto no va de la mano con el tan sonado “esto merezco/ eso no merecía” Más que preguntarte si es lo que mereces pregúntate si es lo que quieres.
PERO QUE CREEN? AHÍ LES VA EL GIRÓN DE PLOT TWIST.
Quiero, anhelo un compañero de vida, si, pero, ¿estoy incompleta? No. Soy una persona que si tenía esa libreta era porque siempre fue una opción compartir mi vida. La soledad más que un confort es un espacio de compasión, de introspección, de autoconocimiento, y me da gusto saber que estar junto a ella tanto tiempo me permitió desarrollar una personalidad sensible y algo intensa. Y más que merecer un compañero, quiero compartir eso con alguien.
Genuinamente me siento bien, sola. Pero que chido sería piropearle a alguien “me gusta mi soledad, pero me gusta estar contigo a solas” apoko no?
Mientras, estoy caminando, (o sea descansando porque ni modo que escriba y camine) escuchando esa canción de León Larregui, sabiendo que llegará con quien compartir uvas desde la tranquilidad de mi soledad.
Y bueno, yo no soy psicóloga, muchos ya saben eso que escribí, su mamá se los dijo o leyeron algún tuit pedorro por ahí, yo solo escribo porque nadie más pensara lo que yo, y con esta memoria, quiero tratarme bien, ser amable conmigo.
No quiero pertenecer a ese sector que no siente nada. Soy joven, y hay metas logradas. No voy a renunciar a ser quien soy solo por alguien narcisista. Ese mal ya es mal de alguien más, pero ya no mío.
Tengan expectativas.
Hablen con las hadas. No se asusten de soñar con un amor no correspondido. Desea lo que los demás tachan de ridiculo, como si esos cabrones te pagaran por imaginar y creer, ya quisieran ellos alguien con quien compartir uvas. Tanto hombres como mujeres crean.
Amen, sean amados.
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