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Amarillo.

 Tenía que haberme dormido hace más de 1 hr. Llevo queriendo dormirme pero el clima no me deja. Y mis ganas de escribir tampoco.

Hoy comí unos ñoquis deliciosos, un filete de atún riquísimo y me enojé por cosas que no puedo controlar, y que al saberlo me alegré porque no lo puedo controlar. 

Después de mucho llega un día que te levantas con hambre, te vas por pan, tardas más en ir por el que en comértelo y te da igual. Me gustaría decir que fueron meses pero fueron años en donde ya solo escribía cosas de mi frustración y coraje en mi blog. No me arrepiento, pero, también me gustaría que leyeran esto y supieran qué hay días amarillos. Y no son tan fugaces. Días felices. Días con luz. Días en querer compartir horas de pláticas con mis amigos. De querer aceptar las dates que por años rechacé. En quererme quedar más de la cuenta en casa de mi mamá. Si algo aprendí es que no aprendes a estar solo estando solo. 

El amarillo es mi color favorito. Normalmente de niño pintas el sol de color amarillo. De niña mi mamá decía que si no estaba un día conmigo presente físicamente, mirara el sol y me acordara que alguien piensa y me ama a mi. Ayer lo miré y me acordé. Y no solo ayer. Llevo una semana apreciando más mi día que el anterior. Mis pensamientos dejaron de sabotearme. 


Hoy soy feliz. Mi alma está feliz. Mi alma quiere mandar cartas de amor. Mi alma ya no quiere ver películas agridulces. Quiero vivir cosas bonitas como las que ya estoy viviendo. Quiero escribir poemas lindisimos. Quiero dormir con mi mamá. Comer con mi hermana y aventar piedras con mi papá. Quiero escribir cuentos. Quiero seguir sintiendo esto y seguir siendo feliz.

Le regalé en la mañana al bote de basura la ironía y mi sarcasmo, me quedé con un gramo para balancearlo. ¿Ocupas mi vulnerabilidad para hablarte abiertamente de cualquier sentimiento hacia ti, lector? Puedes preguntarme, prometo no ser sincericida y abrirte mi corazón.


No tengo nada que perder.


Y tú tampoco.

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