Ir al contenido principal

22 camino a los 23.

 Creo que mi vista está empeorando considerablemente. Culpo irremediablemente a los pdf nocturnos y me incomoda ver borroso. Los lentes cada vez más inútiles. Me gusta leer pero ser lector implica aceptar que habrá lecturas que no deseas terminar y no porque temes a quedarte sin una buena historia sino porque no es de tu agrado o estás hasta la madre, como mi caso ahora. Le traigo unas ganas increíbles al libro de aquí junto que es “Los hermanos Karamazov” de Dostoyevsky pero lamentablemente mi cansancio me lo impide. Y prefiero escribir porque para leer algo que le traigo ganas le pongo atención, similar con las relaciones con la gente.

Estoy aquí porque estaba mi play aleatoria y se puso “The Funeral” de Band of Horses. O sea si, el título está pésimo pero esa canción me recuerda a un momento congelado en mi mente: mayo de 2018. Era un día entre semana. Mis amigos me habían mandado un msj que si ya había desayunado. La mayoría ya estábamos de vacaciones. Bru pasó por mí en el Yaris rojo (quién diría que Ivana tendría el mismo auto en otro color) y ahí estábamos. “¿A dónde vamos?” No tenía idea porque nadie respondió, solo recuerdo que fui la responsable de tener conectado el aux. Puse una canción terrible de Janet Jackson, y esta que escuché hace rato. Bru nos llevó a un lugar que ahora es el más concurrido de Tlax pero en ese entonces estaba como yo: solo. Éramos 6 personas. Empezamos a treparnos en las ruinas, y solo recuerdo como veíamos todo y me sentí en un cuento de Lewis (cof cof las crónicas de narnia). El día tenía sol, hacía calor. Tenía unos leggings negros, una blusa verde aqua holgada, y unos Vans de vinipiel. Después decidimos ir a la Mali. En el trayecto empezó a nublarse. Llegando a Altamira vi una casa que parecía de enanos, convencí a todos de asomarnos, al final me metí (cabe destacar que estaba abandonada, creo) y bueno, ¿acaso eres mi amigo si nunca te invité a cometer allanamiento de morada? Recuerdo que unos señores que iban de bajada nos regalaron pulque. Justo al llegar a Altamira, se soltó un diluvio. Aún así Bru se estacionó y en lo que bajaba la lluvia, fuimos a inspeccionar la zona donde parecía ser había una antena y tenía escaleras. Decidimos unos cuantos subirnos a pesar de las condiciones de la antena y la lluvia. Pensaría a esta edad que hice eso por presión pero no, quería subir y ver todo desde una antena, siempre había querido. Subimos mojándonos totalmente, pero lo hicimos. Y veíamos un arcoíris, el piso de madera roto, y no solo el municipio sino todos los montes. Es una imagen que no puedo quitarme de la mente. 

La canción me llevó allá pero no de esa manera melancólica, sino de esa manera en la que me alegra haber hecho eso y disfrutar con mis amigos. Eso me hizo estar acá sin traerle ganas a eso. A escribir y no arrancarme la piel porque a pesar de que escribir es más práctico, me siento feliz viendo que mi yo de antes no estaría decepcionada de lo que ahora soy. Ya no escalo antenas ni cometo allanamiento de morada, pero si no lo hubiera hecho probablemente estuviera con el remordimiento de escuchar una canción y no recordar ni sentir nada. 

A mis casi 23 me gusta pensar que al menos si no soy lo que creí ser en mis 17, soy un poco mejor, por dejarme regarla y permitir arreglar mis asuntos. Sin embargo nunca vi venir que unas responsabilidades te quitan otras cosas. A veces estoy tan enfocada en mi presente cuidando de las decisiones que influyen en el futuro que me olvidé de sensaciones. La paranoia de ahora no es tener control de las cosas sino de dominarse asimismo. Y eso infringe en la libertad al privarse de recuerdos que son necesarios para regresarme al mundo y recordarme que también soy humana. 

Escribo no solo por esa canción sino porque antier soñé en alguien. La cuestión no fue en el quien sino lo que sentí. Sé que he hablado que anhelo mucho poder compartir de lo que tengo que ofrecer porque siento que es mucho. Pero siendo honesta, estar tan aquí y ahora me hace no sentir nada en ese aspecto. Pero ese sueño…Desperté con la urgencia de llamarle a Adolfo y decirle que al menos aunque sea por un sueño recordé lo que se sentía poder dar y poder recibir. Soñé que estaba enamorada pero más que enamorada, en ese momento en el que estás sentado o sentada en el sillón y estás dándote piquitos con alguien que sabes te va a llamar en la noche y te va a decir te amo, pero no solo eso sino que la sensación es, es esa seguridad que alguien te ama. Y te sientes cómoda y feliz de poder sentir que eres tú. En otras palabras, SENTÍ. Ese sentido de pertenencia. De pertenecer. Claro que siento el amor de mis padres. Claro que ya extraño a mi hermana. Pero sentir eso que te hace sentir nervios y pensar “aquí encajo”, no pasaba, por no decir que nunca pasa. Desperté muy alterada porque sé perfectamente que la persona que estaba en ese sillón junto a mi, en la vida real, donde tienes que declarar impuestos cada mes, nunca sería capaz de compartir asiento conmigo y decirme algo lindo. Habrá un poco de incoherencia aquí pero aunque sé que lo importante fue la sensación de sentir que puedo compartir y recordar algo, en este caso, la persona del sueño es con la única que yo podría sentirme así.


En fin. No pierdo la fé. Pero sobre todo, me gustaría decirme a mi yo del pasado que nunca se va a arrepentir de esos días donde se permitió tener, en efecto, 17 años. No soy la mejor en lo que hago quizá, pero aún despierto sabiendo que hoy puedo serlo, porque desearlo no bastará para que se cumpla. 

Y con respecto al sueño, voy a permitirme tener 23 años, saber que estoy en la cúspide de mi juventud y saber que si pude salir de todos los errores que yo he cometido, sentir esto por alguien equivocado tiene solución.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La mudanza.

 Los perros mudan de cabello, los responsables suelen estresarse al ver a la criatura dejar bolas de pelos por todos lados. Sin embargo saben que es necesario; terminas la secundaria y sabes que las etapas académicas ya no se rigen por bimestres sino por semestres, dejaste de tener la vista perfecta y ahora usar lentes con anti reflejante y mica azul. Se nos ha enseñado que las mudanzas tienen que ver con perros o con empacar en cajas vasos envueltos en periódico porque te cambias de vivienda. En realidad va más allá de eso. Según el primer significado del buscador en Google, mudar significa «Dar o tomar otro ser u otra naturaleza, otro estado, lugar, forma, etc.» Hace ya un rato, cuando padecía de pérdidas de memoria antes de exámenes y contemplaba mi vida en las tardes de mayo desde el balcón del departamento 301, se sabía que padecía de una nostalgia severa, que más que padecimiento parecía enfermedad. Con el paso del tiempo, muchas veces escuché como se veneraba la nostalgia, p...

Un gol en el min. 95 sabe mejor que el del 90.

Un día falté a la escuela. Tenía 12 años más o menos, no sé si se había hecho tarde o tenía consulta médica. Para aquel entonces, me la pasaba comiendo tostadas con frijoles refritos en lo que terminaban de cocinar, para después adelantar tareas pendientes escolares, y al final irme a la computadora de escritorio. Un día descubrí “blogspot”. Iba a adentrarme sobre cómo hice la primer entrada, y demás, pero no. Solo sé que ese día encontré una herramienta para escribir todo porque las libretas no me daban chance de escribir tanto. O más bien, un lugar en donde se me terminaran las páginas y comprara otra. Victoria Quiere Libertad ha cumplido 10 años. No contaré la historia detallada de cómo y cuándo fue creada, o el por qué era diferente a lo que después se convirtió. Al final siempre tuvo como propósito escribir y dejar en claro que no esperaba que alguien me leyera. Solo yo. Y si alguien lo había aparte de mi, entonces podría ayudar a alguien a no sentirse solo, al menos, por un rato....

Victoria tiene libertad.

 Siento que escribo hoy a razón de soñar con el gobernador del estado, estuvo muy rancio el sueño, así como esta introducción.  Mi color favorito es el amarillo, es cierto, pero no siempre lo fue. Por allá del 2018 yo adoraba con creces el verde. En el 2006 el rosa. En el 2013, el turquesa. A veces no tengo vivos los recuerdos de mí en aquel entonces pero si de los que más me marcaron: cabello suelto con un pasador, calcetas de diferente par, dientes sin brackets, libros de historias distopicas y ferias de libro en el parque que ya nunca se volvieron a repetir.  Llegó el día que yo siempre estuve segura llegaría, no sabía cómo ni cuándo, pero tenía día apartado en el calendario. Y un día cualquiera, como el rey Arturo sacando la espada de la piedra: ese día llegó. Es como cuando ves a alguien que conociste de niño y de repente ya tiene hijos—no es que te importe emocionalmente, pero te deja con una sensación extraña. Me gustaría decirle a la Vic de los pasadores vestida d...