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¿Todo esto, para nada?

 Así como los niños esperan salir de la escuela, como tú alguna vez corriendo a la tienda de abarrotes o al Oxxo a refugiarte de la lluvia, llegando 8 am justo al trabajo, ver el arroz bien cocido, a mi me llegó el fruto de mi fé.

Te explico.

Muchas veces he creído que no puedes estar siempre arriba, si te sintieras feliz todo el tiempo, no podrías ser empatico con lo malo. Como el frío, como el desamor, todo es ausencia que a falta de una se compensa con la otra, pero nunca es una definitiva. En Star Wars te lo explican de la manera más análoga con Darth Vader, el era el elegido y muchos se sacaron de pedo cuando pasó de Anakin Skywalker a Vader, pero la profecía no mintió, él era lo bueno y lo malo, el verdadero balance. 

De esta manera explicada, trataba de vivir mis días tomando las mejores decisiones posibles sin que afectaran a terceros, normalizando el malestar de estar abajo para poder decir que merecía ser “feliz”. Convivir con humanos te decepciona, te angustia, te emociona, te sientes agradecido y otras rencoroso porque te preguntas “¿cómo es que me han tratado tan mal?”. Vamos a terapia, escuchamos podcast, tenemos nuestros amigos a un dm, hacemos ejercicio. No menospreció esto, al contrario, cada batalla interna de mi suicidio interno se ganaba con todo lo anterior mencionado. Pero no faltaba ese día que llegabas, que no querías ni quitarte los zapatos por pendiente de pararte de nuevo, y decir “ya me quiero dormir” y no para descansar sino para omitir que tu día estuvo de rutina. Como dato, a mi me gusta la rutina de mi vida, porque el orden y los mismos horarios no están peleados con que me pase algo increíble. Sin embargo, dormía, dcon la pseudofé y optimismo que ya había superado lo malo que me había pasado. A pesar de la terapia, de escribir, ahí estaba el sentimiento de rencor. Y no es culpa de la terapia que siguiera con el sentimiento, al contrario, me ayudó a identificar que iba a estar ahí hasta que no solo tuviera voluntad sino viera las consecuencias, porque si, el tiempo solo sirve para medir en cuánto tiempo está el pastel en el horno, y la voluntad es muy chingona cuando quieres quedar bien (contigo mismo para comparecer a los demás), pero nada como los sustos de muerte y fé. 

Mi mamá había venido para verme en semana santa y estar juntas. De regreso, para pasar unos días con mi familia, tomamos un avión. El piloto, mis condolencias por ser el peor piloto de la historia y hacer que los niños llorarán por el susto de pilotear mal y que unas cuantas máscaras de oxígeno salieran. En ese momento, en el que estaba en medio y no en pasillo, alejada de mi mamá, me puse a pensar en lo último que le había dicho a cada ser que amaba, pero sobre todo, una sola pregunta: “no mames, ¿todo esto para nada?”  

A ese “todo esto” me refiero que a mis 22 casi 23 años medio mal vividos lo único que he hecho es justificar mi falta de capacidad de superar a través del dolor. 60 segundos me bastaron para pensar en todas las cosas que los que me hicieron daño, me hicieron un bien, en las cosas buenas que extraño y por ellas tomé rencor al no vivirlas de nuevo. Me bastó un minuto para pensar en todo el daño que he causado, en ellos inclusive, porque regresando el párrafo dos, buenos al 100% nadie lo es, pero aceptar que todos somos malos en algún momento o en muchos momentos 100% nadie acepta casi siempre. 

“¿Todo esto para nada?” 

Seguía pensando, hasta que se estabilizó y aterrizamos. Llegué a casa, abracé a todos, y comenzó la verdadera transición: pedir perdón. 

Cuando era más pequeña, siempre se me hizo más fácil pedir perdón aún cuando me trataban mal, porque tenía miedo de que la cosa empeorara. Más allá de perder un amigo, nunca me dió miedo estar sola, pero más miedo me daba que nadie pudiera aceptar lo que podía ofrecer. Cuando empecé a crecer, si me dió miedo el bullying, lo suficiente para seguir cediendo. Pero cuando pasas de los 15 los papeles cambian y me di cuenta que los amigos que tenía no eran por ceder sino por ser yo. Dejé de pedir perdón aunque siempre me enfrasque en evitar conflictos. 

Se va perdiendo la noción y solo empecé a pedir perdón cuando verdaderamente veía lágrimas en los ojos de otro, o cuando recapacitaba que mis palabras habían sido muy venenosas, siempre y cuando, cumpliera con mi “regla”: ¿me hizo algo antes? ¿Se lo merece? Pensar así mucho tiempo no voy a negar me defendió como escudo de recaer en mí yo vulnerable que dejaba que me hicieran lo mismo una y otra vez. Pero una vez adjudicado pasa a ser mal interpretado y pase de dominarlo a que eso me dominara a mí. 

Así que ese día llegué y empecé mi labor de escribir un correo que no solo me alivió mi alma, me alivió la vida. Según yo ese correo ya había sido enviado por noviembre pasado, pero, me di cuenta que fui falsa, porque no estaba superando nada, solo comentaba que aún había un sentimiento pero ni siquiera sé de que. Dije mucho sin decir nada. Pero el correo de la semana pasada fue un verdadero alivio, porque pasas de decir el repertorio de cosas que la otra persona te hizo (malas, obviamente) a decir el que tú has hecho. Si, le deseé el mal, lo envidié, y saben que ¿todo eso para nada? Wey que pinche oso sentir tanto malestar para morir en noticia nacional de la manera más pendeja cabron. No. Yo hice mal también y lo reconozco. Y aunque esa persona ya recibió el correo, te lo escribo aquí también: perdóname M. Ayer fue 9 de abril de 2024 y no 2019. Eres increíble. Sigue soñando. Tienes una novia increíble que tiene un lugar en mi corazón también. Te lo mereces.

No sé si ustedes sean creyentes, agnósticos, no se. Pero si creen en algo más allá que nosotros los humanos, solo piensen, si Dios lo perdonó, ¿por qué yo no?. Y no me refiero a que si él si yo no, sino a que si algo más poderoso que yo lo hizo, quien me creo yo como para sentir que no?

Seguí con mi misión.

Le tocó mensaje a las personas que siendo mis amigos me habían declarado su amor y que yo de la manera más radical les corté mi amistad. Me incomodaron, absolutamente, pero no es razón para tratarte mal. Aparte, me declararon sentimiento buenos! Que patéticos modos de actuar míos, verdaderamente.


Y bueno, no todo es pedir perdón, igual es ver quien si no merece en absoluto mi amistad. Yo aprecio mucho y mi amistad es incondicional. Porque si, así como estoy siento abierta, considero que no sé ser mala amiga. Pero ahora reconozco las amistades que no saben ser amigos. Y sobre todo, una que merece punto final. No sé si leas esto, eres el único al que no le mandé mensaje. Es más, ni he abierto los últimos que me mandaste y no es porque tenga voluntad de no hacerlo sino porque hoy no me interesan. Los amigos se cuidan, no se tratan indiferente. Cuando necesites algo de mí, siempre a medida de mis posibilidades te ayudaré. Pero no con esos tratos. 

Muchísimas veces, llegaba, y anhelaba mandar mensaje a alguien que no fuera mi mamá o mis amigos diciéndole “te amo”. Me gusta mucho estar sola, pero no les mentiré. No solo en el fondo, sino que, no quiero estar sola. Y aunque soy feliz así muchas veces, no significa que quiera poner mis pies encima de otros. Y solo me dormía rezando, diciendo que si la gente que había sido mala conmigo tenía una relación de ensueño, ¿por qué yo no? Pues era lógico, no estaba lista. ¿Cómo voy a tener algo propio si vivía esperando lo de otros? 

Al aceptar todo lo anterior, justamente al platicar una anécdota en mi cf del Instagram, dije “a ver una señal de que todo está bien” y de broma porque jajaja para mis pulgas, estaba sola en el depa. Y en eso mis audífonos empezaron a reproducir una canción que no tenía guardada directamente: “Please, please, please, let me get what i want” de The Smiths. Empecé a llorar pero, de felicidad. Místicamente o no, solo podía escuchar: 

Good times for a change, see, the luck I’ve had, can make a good man turn bad. So please please please, let me get what I want. Lord knows it would be the first time.

Y si, Dios sabría que sería la primera vez.

Mi vida, la vida, su vida, vale la pena ser vivida. Muchísimo. 

Mucha gente toca fondo con enfermedades, accidentes, pérdidas. Soy suertuda porque no tuve que perder nada. 


No sé quién lea esto, pero para el lector: te quiero mucho. Es más. Te amo. No sé qué sea de tu vida. No sé si te conozco. No sé si yo te he hecho algo. Pero en mi alma solo está el sentimiento de amar tanto como pueda. 

Lo suficiente para que no digas : “No es suficiente” o “se busca…aún”


Amar siempre es suficiente. Siempre.

 


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